NUESTRA ESCUELA: 209 AÑOS DE HISTORIA
 

La idea de fundar una escuela de ingeniería civil se gestó a finales del siglo XVIII, a partir del momento en que el Conde de Floridablanca, Secretario de Estado y Superintendente de Correos, creara en el año 1785 la Dirección General de Caminos. En el año 1799 nace la Inspección General de Caminos y Canales y 3 años más tarde, en 1802, la Escuela de Caminos de Madrid.

Agustín de Betancourt, junto con otras personalidades insignes, fue el propulsor del nacimiento de esta Escuela. Betancourt venía propugnando su creación desde 1785 y había definido incluso las cualidades deseables de un Ingeniero de Caminos en la Memoria que presentó a Floridablanca sobre los medios para facilitar el comercio interior (1791).

Los estudios en la Escuela comenzaron en noviembre de 1802 en el Palacio del Buen Retiro, que fue su sede hasta su destrucción el 2 de mayo de 1808. La Guerra de la Independencia y algunas de sus consecuencias económicas y sobre todo políticas, hicieron desaparecer la Escuela y el Cuerpo de Ingenieros de Caminos en 1814. Una vez restituidos ambos en 1820, las clases comenzaron de nuevo el 8 de noviembre de ese año en un edificio de la calle de Alcalá, pero las circunstancias políticas propiciaron su interrupción en 1823.

En 1834 abre sus puertas la Escuela por tercera vez, ésta con carácter definitivo, en el edificio de la Aduana Vieja, en la plazuela de La Leña, mejorando y ampliando el Plan de Estudios y bajo la dirección de Juan Subercase. El 17 de Abril de 1836 se publica el Reglamento del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, que incluye el de la Escuela, regulando su funcionamiento, la duración de los estudios y la estricta disciplina a la que habían de someterse los alumnos. Puede considerarse que el alto nivel científico de los estudios en la Escuela, para la época, fomentó la difusión de las Matemáticas en el país, entonces muy abandonadas.

El año 1853 ve la luz el primer número de la Revista de Obras Públicas, cauce de expresión del saber científico y técnico del Ingeniero de Caminos. Es el año en el que concluye la carrera José Echegaray y es nombrado profesor Eduardo Saavedra. El año que ingresa Echegaray termina la carrera otro ingeniero cuyo nombre también es conocido en la política del siglo XIX: Práxedes Mateo Sagasta.

A mediados de siglo, una serie de obras importantes reflejan ya el alto nivel de preparación técnica de los Ingenieros de Caminos. Pueden mencionarse, entre otras, las primeras líneas de ferrocarril, Barcelona - Mataró y Madrid ­ Aranjuez, o la inauguración en 1858 del Canal de Isabel II, la gran obra de esta época, cuya construcción había dado lugar a fuertes polémicas y hasta aceradas críticas al Cuerpo de Ingenieros de Caminos, todas convertidas en aplauso y reconocimiento público a su finalización.

Entre las numerosas modificaciones que sufrió el Reglamento de la Escuela es de destacar la de 1870, que estableció un doble objetivo para la enseñanza: formar a los que iban a pertenecer al Cuerpo Nacional de Ingenieros de Caminos y comprobar los conocimientos de los que pretendían obtener el título profesional de ingeniero.

La Escuela estuvo instalada en un viejo e insalubre caserón de la calle del Turco desde 1880 hasta el curso 1889­1890, en que se trasladó a un edificio de la calle Alfonso XII, diseñado por Mariano Carderera, que era arquitecto además de ingeniero.

El año 1926 se concedió a la Escuela la autonomía respecto del Estado, a la que se había hecho acreedora en su fructífera y larga vida. La independencia económica consecuente a la obtención de personalidad jurídica permitió atender a la mejora de la enseñanza, modernizando los medios docentes y potenciando los trabajos de investigación.

Desde ese año hasta 1933 dictaron conferencias en la Escuela importantes científicos españoles y extranjeros, lo que la convirtió en un verdadero foco de expansión de cultura, de gran influencia social, en beneficio de la enseñanza y de la difusión de la técnica.

La autonomía de la Escuela continuó hasta que la Ley de Ordenación de las Enseñanzas Técnicas de 1957, reformada en 1964, la adscribió al Ministerio de Educación Nacional y cambió la estructura de sus enseñanzas. Se buscaba mejorar la docencia y dotar al país de un mayor número de técnicos con la sólida formación que la moderna tecnología exigía para cumplir el programa de industrialización en que se hallaba inmerso el país. Se pretendía también una mayor dedicación y una mejora de las tareas de investigación, por lo que se establecía que la Escuela ofreciera una formación complementaria que permitiera obtener el título de Doctor Ingeniero, hasta entonces inexistente.

La insuficiencia de espacio disponible para la docencia y la investigación llevó al convencimiento de la necesidad de ampliar la Escuela. Tras difíciles negociaciones, se logró la adjudicación de una amplia parcela en la Ciudad Universitaria y la construcción de un nuevo edificio, que fue proyectado por Luis Laorga y José López Zanón. Este edificio ha sido la sede de la Escuela desde el curso 1968­69 hasta la actualidad.

La Ley General de Educación de 1970, que establecía las directrices por las que había de guiarse la enseñanza en todos sus niveles, convirtió el Instituto Politécnico de Madrid, que agrupaba desde 1966 a las diversas Escuelas Técnicas Superiores, en Universidad Politécnica de Madrid. En el seno de esta Universidad se desarrolla la actividad actual de la Escuela, con el objetivo, como hace casi dos siglos, de dar a los Ingenieros de Caminos la formación que la sociedad les exige.

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